viernes, 26 de julio de 2013

Todo está en calma.

Hoy el Sol volvió a salir.
Sentí cómo su calor me envolvía.
Tantos días de invierno que quedaron atrás,
las marcas en mi piel recuerdan su paso.
Hoy puedo escuchar el canto de los pájaros,
aquellos que están en la copa de un árbol, agradeciendo por tanta libertad.
Las mañanas son, como todos los días, un nuevo comienzo,
o tal vez, el esperado fín de quien trasnocha.
Me encuentro contándote lo bien que me siento,
te encuentro leyéndome bien.
Las noches son de rápido oscurecer,
pero eso ya no importa.
Los momentos son determinados por los simples hechos tanto como uno quiera.
Las palabras danzarán en el aire, siempre.
Algunas no llegarán a destino en el momento deseado,
tal vez se desvíen y pierdan la dirección y el sentido.
Yo tengo la certeza que descansarán en el oído de alguien, en algún lugar del mundo, algún día.
La Luna siempre está, a veces oculta, a veces tan necesitada de atención.
Compañera fiel, uno nunca puede sentirse solo porque ella siempre está.
Hoy saldrá la Luna nuevamente, y volveré a sentirme completo.
Las horas pasarán, la temperatura descenderá, los ruidos cesarán.
Todo seguirá tal y como debe ser. Todo saldrá bien.