Media Verónica despierta,
le molestó la luna por la ventana abierta.
Llegó una carta desde el frente
el cántaro se rompe
y se secó la fuente.
Va a decidir qué hacer cuando despierte del TODO
y borrar con la mano lo que ayer
escribió con el codo.
Habrá que ver
si la crónica Verónica reacciona.
La verónica mitad
tiene muy poca maldad
pero está cansada de esperar.
Media verónica está rota,
no tiene muchos años pero le hicieron daño,
rompió una lanza por la risa
pero no tiene prisa y se ríe muy poco.
No va a saber qué hacer
cuando no sople mas viento,
no sabe distinguir el amor
de cualquier sentimiento.
Quiere vivir
una vida diferente cada día.
La verónica-mitad
está en la flor de la edad,
pero esta cansada de esperar.
En la ventana hay una nota,
el pájaro no vuela,
tiene las alas rotas.
Media verónica lamenta
que el tiempo se consume y lo demás no cuenta.
"La vida es una cárcel con las puertas abiertas"
Verónica escribió en la pared con las tripas revueltas.
Nada que ver,
no habrá flores en la tumba del pasado.
La verónica mitad dice siempre la verdad
pero está cansada de esperar.
jueves, 11 de abril de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
Sentidos.
Y crucé la calle.
Fui directo hasta la estación del subterráneo.
Miré el reloj, noté que aún tenía tiempo para un nuevo cigarrillo.
Lo prendo. Lo disfruto.
Disfruto fumar en la esquina de calle 1 y calle 2, en una ciudad X.
Observo detenidamente cómo pasa la vida frente a mis ojos,
representada en miles de formas.
Personas apuradas, tal vez están llegando tarde a sus obligaciones.
Personas que caminan sin prisa,
porque deciden invertir en su tiempo el disfrutar de un paseo.
Autos, decenas de ellos, colectivos, camiones, aviones en el cielo.
Todo parece marchar normal.
De repente, en una milésima de segundo,
todo movimiento se reduce a la lentitud con la que camina una tortuga.
De repente, todo aumenta a la velocidad con la que arrasa un tornado.
Y, luego, todo vuelve a su normalidad. A su ritmo.
Aquellos que corren, aquellos que caminan lento.
Los autos y los colectivos que apresurados están por llegar a destino.
Todo vuelve a su tiempo.
Vuelvo a mi cigarrillo y noto que ya está consumado.
Me dirijo a mi destino. Pago mi tarifa y busco un asiento.
Alrededor, personas. Muchas personas. Muchas historias.
Muchas historias encerradas en un mismo vagón.
Las escucho. Quieren hablar. Quieren ser escuchadas,
compartidas a alguien más, a desconocidos.
Todas cuentan sus dramas, sus pasiones, sus ilusiones,
sus partidas y sus llegadas.
Van y vienen en el aire. Danzan entre ellas. Se entrelazan. Juegan.
Se ríen, lloran.
Regresan a su dueño.
Regresan para seguir siendo escritas.
Cada historia termina con puntos suspensivos.
Se dejan a las manos del destino.
Miro en qué estación estoy y tengo ya que bajar. He llegado a mi destino...
Fui directo hasta la estación del subterráneo.
Miré el reloj, noté que aún tenía tiempo para un nuevo cigarrillo.
Lo prendo. Lo disfruto.
Disfruto fumar en la esquina de calle 1 y calle 2, en una ciudad X.
Observo detenidamente cómo pasa la vida frente a mis ojos,
representada en miles de formas.
Personas apuradas, tal vez están llegando tarde a sus obligaciones.
Personas que caminan sin prisa,
porque deciden invertir en su tiempo el disfrutar de un paseo.
Autos, decenas de ellos, colectivos, camiones, aviones en el cielo.
Todo parece marchar normal.
De repente, en una milésima de segundo,
todo movimiento se reduce a la lentitud con la que camina una tortuga.
De repente, todo aumenta a la velocidad con la que arrasa un tornado.
Y, luego, todo vuelve a su normalidad. A su ritmo.
Aquellos que corren, aquellos que caminan lento.
Los autos y los colectivos que apresurados están por llegar a destino.
Todo vuelve a su tiempo.
Vuelvo a mi cigarrillo y noto que ya está consumado.
Me dirijo a mi destino. Pago mi tarifa y busco un asiento.
Alrededor, personas. Muchas personas. Muchas historias.
Muchas historias encerradas en un mismo vagón.
Las escucho. Quieren hablar. Quieren ser escuchadas,
compartidas a alguien más, a desconocidos.
Todas cuentan sus dramas, sus pasiones, sus ilusiones,
sus partidas y sus llegadas.
Van y vienen en el aire. Danzan entre ellas. Se entrelazan. Juegan.
Se ríen, lloran.
Regresan a su dueño.
Regresan para seguir siendo escritas.
Cada historia termina con puntos suspensivos.
Se dejan a las manos del destino.
Miro en qué estación estoy y tengo ya que bajar. He llegado a mi destino...
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