sábado, 22 de enero de 2011
Come back to basics.
Con muchas ansias, revivo una de las cosas que tenía olvidadas.
Debo confesar que han pasado muchas cosas por aquí detrás, de lo peor, de lo mejor... pero ninguna que no deje marca alguna.
Planeaba comenzar a nombrar los diferentes sucesos ocurridos en mi vida a lo largo del último período, pero me di cuenta que es mejor cuando se los escribe a cada uno por la naturaleza y la simpleza con que se puede escribir en su momento adecuado. Eso es: las cosas a su tiempo. Y a su manera.
Nado en mi propia imaginación en busca de recuerdos sueltos y lo primero que encuentro (estimo por ser lo más reciente a la actualidad) es a mi persona frente a un espejo cantando canciones, y pensando. Pensando lo loca y divertida que es la vida. Y lo bueno que es a veces romper un poco con los estereotipos y las normas que uno ve que la sociedad ( y/o uno mismo, a veces, también) establece. Como por ejemplo, la existencia de peluqueros. Todo bien con que los haya, pero sigo negándome en ir a uno para ver cómo queda bien un nuevo look que yo mismo podría hacer, o (a falta de imaginación, o de manos, o de huevos) que un amigo/a podría. Entonces en ese momento sentí que mi cuerpo era invadido por un espíritu completamente entregado a la diversión y sí, tomé todas las herramientas adecuadas y fui a lo concreto.
Luego de una hora de risas, absoluta locura sana e improvisación... salió.
No puedo estar más conforme conmigo mismo.
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Pequeña conclusión adherida: ahora me la doy de peluquero. Nah, mentira... pero creo que necesitaba el cambio.
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