miércoles, 27 de febrero de 2013

A tí que te lo haces.

Yo.
Soy yo.
Soy yo en el espejo.
Soy yo en el espejo y mi reflejo.
Me habla. Me mira.
Me dice qué hacer, lo que tengo y lo que no tengo que.
Su mirada fría se clava en mi piel, me la eriza.
Me acaricio suavemente el brazo y mis pelos me hablan.
Mis manos no son sólo mías.
No son los mismos ojos que recordaba, no es la misma mirada.
Hay algo que me está pidiendo.
Yo.
Soy yo.
Soy yo pidiendo auxilio.
Quiero salir.
Quiere salir.
Es él pidiendo auxilio.
Es él.
Él.
Somos nosotros, en un mismo cuerpo.
Me pregunto cómo pudimos convivir,
por qué razón quiere salir,
y por qué ahora.
¿Por qué no antes?
Quizás no lo vi.
Quizás sí salió y éramos tan solo dos
y ahora ya no.
Trato de recordar, si esto fuese cierto, el modo en que lo hacíamos.
¿Éramos un equipo? ¿Trabajábamos juntos en el arte de respirar?
No lo sé ahora, pero lo averiguaré.

Lobo negro, que sigues en los bosques oscuros, ocultándote detrás de los árboles,
en sus copas, sal. Muéstrate. Te pido que me digas qué quieres.
No me digas qué tengo que hacer, tan sólo dime qué buscas con ello.
¿Acaso tu no sabes que necesitas de mi tanto como yo de ti,
que si no existiera tu tampoco?
¿Acaso estás cansado? ¿Quieres dejar de existir, y sabes que necesitas de mi para ello?
Dime. Estoy aquí.

Yo.
Soy yo.
Soy yo y él.
Somos tan sólo yo y él.
Ahora ya no soy solamente yo. ¿Sabes?
Hay razones... crecí.
Ya no soy quien solía ser, aquel que se ocultaba en la oscuridad, como tú.
Hoy disfruto del calor y de la luz del Sol.
Respiro y siento la brisa de los vientos.
Quiero seguir haciéndolo.
Convivamos, te invito. ¿Qué dices?
Yo, yo te invito.
No necesitas sentir despojarme porque tú sabes bien que me necesitas.
Así como el día necesita tanto al Sol como a la Luna.
¿Cuál de nosotros es cuál?
¿Acaso eres tú mi Luna?

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